Eva Díaz: “La Guía para actuar en caso de acoso escolar está impregnada en la cultura de acogida y cuidado tanto de víctima como del acosador”

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Escuelas Católicas de la Comunidad Valenciana ha presentado la “Guía para actuar en caso de acoso escolar“, un manual que, según su coordinadora Eva Díaz, “está impregnada en la cultura de acogida y cuidado tanto de víctima como de acosador”. Este documento se ha enviado a todos los centros escolares de la organización y también se puede descargar en la web para que sea utilizada por todos aquellos que quieran tener una herramienta para prevenir y trabajar contra el acoso escolar.

 

Para la secretaria autonómica de ESCACV, Vicenta Rodríguez, esta Guía, “mira el tema con ojos de realidad. El acoso escolar hay que prevenirlo y abordarlo en los casos que suceden para erradicarlos. Desde Escuelas Católicas ofrecemos unas pautas a toda la comunidad escolar, docentes, alumnos, familias. Trabajamos para tener colegios donde prime la convivencia y el buen ambiente escolar”.

 

Este Manual ha sido presentada por Eva Díaz, responsable de Contenidos y Situaciones de Crisis en Escuelas Católicas y coordinadora de la “Guía para actuar contra el acoso escolar” y Vicenta Rodríguez, secretaria autonómica de Escuelas Católicas de la Comunidad Valenciana en rueda de prensa. Esta tarde esta misma Guía será presentada en la Asamblea General de Escuelas Católicas de la Comunidad Valenciana.

 

Durante su intervención Eva Díaz ha explicado que se ha elaborado este manual “no porque haya más casos en la actualidad sino porque el acoso es un problema complejo a la hora de detectarlo y ahora su repercusión es mayor por la influencia de su difusión en redes sociales” añadiendo que “es una guía para sensibilizar, saber cómo abordar las situaciones de crisis y prevenirlas en la medida de lo posible”.

 

Para Eva Díaz, el acoso existe cuando hay un desequilibrio de poder, intencionalidad y duración en el tiempo. “Si no se dan estas tres características hablamos de otro tipo de conflicto, en el que necesitamos actuar de forma diferente pero no es necesario abrir un protocolo de acoso”, ha apuntado.

 

En este sentido, ha explicado que “hasta el momento los colegios afrontaban las situaciones de forma desorganizada. Con esta publicación hemos querido dar una herramienta que da todas las pautas para abordar este tema. Recoge en un solo documento lo que tiene que hacer un centro en el ámbito jurídico, pastoral, pedagógico y comunicativo”.

 

Contenido “Guía para actuar en caso de acoso escolar“

 

Desde  Escuelas Católicas se ha elaborado un material dirigido especialmente a los centros que reúne, además de medidas de prevención y sensibilización, esas otras medidas de actuación que paralelamente tiene que acometer un centro en el ámbito pedagógico, pastoral, jurídico y de comunicación desde la óptica de la cultura de la acogida y el diálogo, y que además están recogidas en un solo documento de fácil lectura.

 

Tras dos años de trabajo y un compromiso firme con la mejora del clima de convivencia en los centros, el resultado es la Guía, patrocinada por SM, que tiene como finalidad acompañar a los responsables de un centro educativo a reaccionar adecuadamente, y de forma integral, cuando se presenta una situación de acoso a un alumno o grupo de ellos y, sobre todo, ayudarles a crear un clima colegial que aleje el riesgo de que se produzcan situaciones parecidas.

 

Ámbito pedagógico y pastoral

 

Toda actuación en la escuela católica pivota en torno al proyecto educativo cristiano, que ofrece una visión específica del ser humano, de la sociedad y del mundo y ayuda al desarrollo pleno e integral de la persona, no solo en su dimensión corporal, emocional e intelectual, sino también espiritual. La prevención explícita frente al acoso y la discriminación está en la razón de ser de los centros de Escuelas Católicas, y es ella la que ha de conducir a educar, no solo a los alumnos sino a toda la comunidad, a través de acciones puntuales y decisiones estratégicas educativas en diferentes dimensiones, desde la curricular-metodológica hasta la organizativa, que ayudarán a generar un marco de convivencia, respeto y dignidad, en el que el acoso no tenga cabida.

 

En la Guía se sugiere el momento de la oración-meditación de la mañana para dialogar sobre estas actitudes que construyen la convivencia, desde la lectura de algún texto bíblico, cuento, etc., y para ofrecer algún rato de silencio para la meditación y reflexión. También hay que visibilizar en el centro la política de tolerancia cero y plasmar estos valores evangélicos en actividades y mensajes atractivos en aulas y pasillos.

 

Abrir los ojos para poder detectar lo que está sucediendo, sin dejarse llevar por mitos o tópicos (tan habituales en nuestra sociedad), es una labor educativa que se ha de dirigir a todos los miembros de la comunidad educativa, para ser capaces de ver los indicadores existentes ante un posible caso, acogiendo a todos los implicados desde la escucha y la legitimización de sus percepciones y dolor.

 

En el ámbito pedagógico es importante distinguir entre la violencia puntual, la discriminación y el acoso escolar, o comprender cómo se relacionan entre sí, para poder ayudar y poner en marcha las medidas adecuadas.

 

Si finalmente se confirma el acoso, el acompañamiento a la víctima será una prioridad y deberá ayudar al alumno a desarrollar y recuperar su asertividad, confianza y autoestima. Tras este atentado a su dignidad humana, deberá percibir todo el apoyo del centro y de sus compañeros y profesores y nunca la indiferencia, tanto en las tutorías individualizadas como en las sesiones educativas con el grupo-aula y los encuentros con las familias.

 

La Guía tampoco se olvida del agresor porque también él necesita ser acompañado. Los agresores suelen tener pensamientos distorsionados, habilidades manipulativas o impulsividad, así como escasos recursos. No hay que estigmatizarlo sino ayudarle a tomar conciencia de lo sucedido, para que así pueda aprender de ello e interiorizar criterios de actuación morales, evitando que reincida. En resumen, atención y encuentros con todos los afectados y su círculo cercano, en el que se primará la escucha y ayuda al desarrollo de las diferentes competencias socioemocionales de cada uno de ellos.

 

Una vez superada la crisis comienza el período de recuperación en el que será fundamental contar con un plan de acompañamiento y de seguimiento de las medidas adoptadas, y evaluar cómo se encuentra la víctima, el acosador y las familias implicadas.

 

Ámbito jurídico

 

En el ámbito jurídico, la Guía comienza por clarificar el concepto de acoso, ya que no todos los conflictos de convivencia que se viven en un centro son casos de “acoso escolar”. En este sentido se pronuncia la Fiscalía General del Estado, en su Memoria 2016, en la que critica el tratamiento mediático que se da a estos temas, “con un enfoque banal, propio de reality show” en algunos casos, y en la que también subraya que el elevado aumento de las denuncias de violencia entre iguales en colegios se debe a la profusión de noticias relacionadas con algunas de estas conductas.

 

Este clima hace que en las comunidades educativas se utilice en ocasiones el término “acoso escolar” indiscriminadamente, y no siempre se confíe en el buen hacer de los centros, cuando el marco educativo, y no el jurisdiccional, es el más adecuado para solucionar los conflictos de convivencia en los centros, generalmente.

 

En este sentido, es fundamental conocer los elementos comunes que tienen que concurrir para calificar (“tipificar”) una situación de acoso escolar. Desequilibrio de poder, reiteración e intencionalidad de dañar es lo que diferencian hechos constitutivos de una situación de acoso escolar de otro tipo de conflicto. Hechos que pueden tener lugar o no en el centro, mediante diferentes formas de violencia, en el mundo físico y/o en el virtual.

 

En cualquier caso, detectada una situación de conflicto, el centro no debe ser tibio, sino aplicar todas las medidas necesarias en virtud de la naturaleza y gravedad de los hechos, para detenerlos y paliar las consecuencias, hasta la completa restauración del buen clima de convivencia.

 

En estos casos, es fundamental que los centros acrediten la diligencia debida en la detección y resolución de los conflictos. Para ello, es importante recoger por escrito todas las actuaciones que lleve a cabo en cada una de las fases del protocolo (detección, recogida de información, valoración, y en su caso, adopción de medidas y seguimiento).

 

No debemos olvidar, y en la Guía se hace especial hincapié, la importancia de la implicación de todos los miembros de la comunidad educativa en este conflicto, y de la necesaria colaboración con los organismos públicos correspondientes.

 

Ámbito de la comunicación

 

En la  Guía se recoge que en cualquiera de las crisis a las que se puede enfrentar un centro hay que perder el miedo a comunicar, independientemente de si el asunto tiene o no un reflejo en los medios de comunicación. Contar con un Plan de Comunicación de Crisis que resuma la estrategia de gestión de crisis y la manera de comunicarla, es básico.

 

En dicho es necesario hacer una investigación y recopilación de datos; valorar el alcance de la crisis; identificar a los públicos afectados; fijar unos objetivos de comunicación; elaborar mensajes basados en la transparencia y veracidad; designar un portavoz; emplear los instrumentos y herramientas comunicativas necesarias (web, redes sociales, plataformas, comunicados oficiales, notas de prensa…).

 

Además es importante hacer un seguimiento de la crisis y una evaluación crítica posterior en la que analizar cómo se ha actuado y cómo ha quedado la imagen del centro ante los acontecimientos. Con el objetivo de paliar futuras crisis será fundamental también la formación y la concienciación de toda la comunidad educativa respecto a este problema.

 

La Guía insiste en que de nuestro Plan de Comunicación y, en concreto, de la comunicación que hagamos de la crisis dependerá la percepción y recuperación de la confianza por parte de nuestra comunidad educativa fundamentalmente, así como la reducción del daño potencial causado por la misma.